☮Little Lovers☮

Trocitos de mi mundo

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Relatos

Relato III  “Una calada a la vida.”
Ella sostenía un paquete de tabaco que estaba recién comprado en el estanco.  Lo miraba con recelo, tenía ganas de fumarse uno.  "Este es el último que me compraré". Sí, llevaba diciendo eso casi un año entero, y siempre se decía a sí misma que lo dejaría mañana, que hoy no era un buen día para dejarlo. 

Decidió abrir el paquete, o intentarlo al menos,  impaciente por fumarse uno. Fumar le agradaba, a pesar de saber lo malo que era para la salud. "Fumar relaja, además  me quita la ansiedad de comer".  Excusas baratas, y lo sabía, pero así conseguía no sentirse tan culpable. Además, las horas del día que más pensaba, era cuando se echaba su piti de las mañanas, las tardes o cuando le apetecía... 

De mientras ella caminaba con paso firme entre las casas monótonas de la cuidad. En la calle hacía frío, las aceras estaban cubiertas de una fina capa de hielo, los árboles yacían desnudos en las esquinas, y el estanque del  parque en el que se encontraba, se veía el agua tranquila, muerta y congelada por el frío, como su corazón.

 El aire otra vez frío, azotaba su cabello y lo conducía sobre su cara.
 Con una mano ella agarraba el paquete todavía sin abrir, y con el otro luchaba por echarse para atrás su larga melena oscura. Oscura como el día gris que hacía, oscuras cómo las noches que pasaba sin él. 

Tras recorrer todo el parque sobre unos tacones rojos de charol que se había comprado con su paga de navidades, por fin llegó a la mesa de la cafetería donde siempre tomaba su desayuno templado, su café y su donut.

Se sentó en la silla que como siempre estaba coja,  se quitó los tacones que le habían echo herida y esperó a que alguien le atendiera para servirle su leche con café. “Bah”, ya se había acostumbrado a aquella silla incomoda, la única que le hacía compañía  a las mañanas.

 Dejó su bolso en un lado y buscó con la mirada dentro de él su mechero, que llamaba la atención por los colores que tenía; rojo, amarillo y verde, que destacaban de entre los papeles blancos,  la cartera, los clinex y las monedas que tenía sueltas por hay.

Quitó el plastiquito que envolvía esa pequeña caja que tanto le gustaba tener siempre a su disposición, y cogió un cigarro,  le dio la vuelta y después lo colocó en su lugar. "Piensa en un deseo, corre.  Así cuando me fume todos y me quede el que está del revés, mi deseo puede que se cumpla". 
Un novio. Eso es lo que necesito. Triste, estúpido e inmaduro, pero tan sincero deseo  a la vez...

Encendió el pequeño porta llamas, y vio como salía de ella una pequeña chispa que después le dio paso al fuego.

Sostenía con gran habilidad el cigarrillo entre sus labios, mientras que con las manos intentaba que el viento no supusiera un obstáculo para encenderlo.
“Bien” pensó. “Ahora mismo me fumaría hasta los problemas, ya que son igual de malos que el tabaco”.



De pronto sintió como el humo se abría paso tras su garganta, y poco a poco se iba acercando más al pulmón.
 Sus labios acariciaban el cigarrilo, haciendo movimientos sensuales, dejando al descubierto su lengua tímida que se escondía detrás de su boca. De allí salió un humo blanco, espeso. El mismo humo que iba cogiendo forma según iba juntándose con el aire que había en la terraza aquel día triste y sin vida de invierno.

“Una calada más. Tan breve pero tan intensa, tan mala pero tan buena. Cómo la vida misma”.
Poco a poco vio cómo se iba consumiendo aquel mundo de tabaco, cómo cada vez que lo miraba, le quedaba menos.
“Piensa, piensa en algo útil”. Le tocaba reflexionar sobre sus cosas, desconexión total antes de ir al trabajo, “un gran día me espera, sí señor”.

 Si había algo que odiaba más que a su  jefe, eso era el lunes. Cuando más lejos los veía a los dos, más feliz vivía. Además, todo el mundo los odia… ¿No?

Volvió a mirar su pequeña distracción, que ya le sabía a poco,  y sentía como su cuerpo le pedía más, pero para entonces, no quedaban más que cenizas.

Cenizas, que te recuerdan y te repiten continuamente que donde antes había algo, ahora ya no hay nada. Restos de algo breve e intenso, malo y a la vez bueno.
 Algo que mucho necesitan, algo en lo que otros no necesita ni creen.
Algo que provoca adicción y te hace sufrir, algo que deseas hacer y te hace pensar.

Sí. Amor.